ANÁLISIS – Prince of Persia: Las Arenas Olvidadas

 GÉNERO: Acción – Plataformas
DESARROLLADOR:
Ubisoft Entertainment
DISTRIBUIDORA:
Ubisoft Entertainment
VERSIONES:
PC, PS3, Xbox 360
FECHA DE LANZAMIENTO:
20.05.2010
VERSIÓN ANALIZADA:
PC

UN PRÍNCIPE FALTO DE MAGIA

Son pocas las sagas de videojuegos que han sabido mantenerse a un buen nivel a lo largo de los años, y Prince of Persia no es una excepción. Su andadura dio comienzo en el año 89 cuando un desconocido, por aquél entonces, Jordan Mechner, lanzó al mercado el primer Prince of Persia, uno de los videojuegos más recordados de todos los tiempos. La excelente animación de los personajes y el conseguido equilibrio entre plataformas y acción, lo catapultaron como uno de los grandes de la industria y fuente de inspiración para futuras adaptaciones y secuelas. El salto a las 3D no le sentó tan bien, y tras unos años deambulando con más pena que gloria la saga volvió a renacer con Prince of Persia: Las Arenas del Tiempo, el primer título de una nueva trilogía que nos reconcilió con la misma. Pero los “reboots” no habían terminado. En 2008 Ubi Soft lo intentó con una nueva vuelta de tuerca apoyada de una estética un tanto peculiar y una jugabilidad diferente que no terminó de gustar a todo el mundo. Sabedores de esta desazón, Ubi ha optado por volver a sus orígenes con este Prince of Persia: Las Arenas Olvidadas. ¿Lo habrán conseguido? ¿Estamos nuevamente ante un PoP de toda la vida?

La historia de este Prince of Persia se sitúa entre los juegos Las Arenas del Tiempo y El Alma del Guerrero. El Príncipe, a lomos de su caballo, decide hacer una visita al reino de su hermano Malik, pero una vez frente a sus puertas se encuentra con un panorama desolador, una cruenta guerra que terminará despertando el poder destructivo de las Arenas Olvidadas. Sus efectos resultan devastadores, convirtiendo a todos los humanos en meras estatuas de arena y desencadenando un mal que el Príncipe deberá derrotar. Como podéis leer la trama no tiene mucho misterio, se trata de la enésima lucha entre las fuerzas del Bien y del Mal donde el héroe de turno ha de superar mil y un obstáculos hasta conseguir su objetivo final. Pero lo realmente interesante de esta entrega no está precisamente en su argumento, sino la forma en que los chicos de Ubi Soft han decido darle vida.

Se ha hablado que esta secuela supone una vuelta a los orígenes de la saga, y en muchos aspectos así es. Nos encontramos ante un juego de plataformas puro y duro en el que se intercalan escenas de combate con algún puzzle puntual. El grueso jugable reside, pues, en la habilidad del protagonista para encaramarse por cualquier saliente, realizar saltos imposibles y sortear las trampas que pueblan las estancias del reino. Para sobrevivir a estas amenazas el Príncipe dispone de una serie de poderes, algunos ya vistos en anteriores entregas como la manipulación del tiempo, y otros totalmente nuevos que añaden un toque de distinción al juego, como por ejemplo solidificar las corrientes de agua, o dar forma a partes del escenario que existieron en el pasado. Ambas novedades son capaces de dotar a la jugabilidad de un enfoque más completo, no todo se limita a saltar de un sitio para otro sin ton ni son, sino que hemos de jugar con los elementos del propio escenario y coordinar nuestros movimientos con una precisión milimétrica.


Por su parte las secuencias de combates no resultan tan gratificantes, es más, hasta cierto punto podrían catalogarse de anodinas. Hay enfrentamientos contra decenas de enemigos en pantalla, pero la variedad de combos y golpes es un tanto escasa. Tampoco es que los enemigos exijan mucho, basta con aporrear el botón de disparo constantemente y esquivar de vez en cuando para pasarte el 90% de los combates sin recibir un rasguño. No obstante podemos equipar al Príncipe con poderes tales como una estela de fuego, hielo, aire o convertirle en una roca andante. Pero salvo algún combate puntual con el típico enemigo final, dichos poderes son totalmente innecesarios, dando la sensación que este aspecto podría haber estado mucho mejor calibrado. Es evidente que el punto fuerte del juego son las plataformas, pero si finalmente te tomas la molestia de incluir momentos de acción, qué menos que muestren algún aliciente en forma de estrategia, dificultad o espectacularidad, cosa que no sucede.


Visualmente la saga retoma un estilo más clásico al mostrado en su anterior entrega. Desaparece esa aureola de pintura de acurarela que tanta discrepancia creo entre los seguidores, y hace prevalecer el estilo de toda la vida, más conservador quizás, pero efectivo al fin y al cabo. No obstante no es un producto que brille ni en el apartado técnico ni en el artístico, ya que la mayoría de escenarios son interiores sin mucho detalle que terminan haciéndose repetitivos, sosos, y que tampoco destacan por su diseño arquitectónico salvo en los últimos compases de la aventura. Tampoco es especialmente llamativo en la recreación de rostros o modelado de personajes y enemigos, digamos que el juego está “dentro de la media”, sin más. Las animaciones sí que resultan fluidas y creíbles, aspecto que se ha mantenido a lo largo de la saga y que ya es una seña de identidad de la misma. Y del apartado sonoro más de lo mismo, buenas melodías de fondo que nos acompañan durante toda la aventura, efectos contundentes y un más que correcto doblaje al castellano.


Nos encontramos, en definitiva, ante un juego que intenta innovar dentro de una saga con mucho peso, y que al mismo tiempo retoma esa jugabilidad clásica que tanto éxito le ha dado a lo largo de los años. Sin duda es un esfuerzo que hay que valorar, el juego tiene mucho potencial pero el resultado final, aunque loable, podría haber sido manifiestamente mejor con haber cuidado un par detalles en las secuencias de combate, mejorar el apartado artístico, o subir el nivel de dificultad, demasiado bajo en casi toda la aventura incluso para los menos avezados en el género. La sensación final que me queda es la de haber disfrutado de un producto a cuyo desarrollo le ha faltado un empujón extra. Todo ralla en la normalidad más absoluta, no hay nada que me haya hecho vibrar o emocionarme, esa magia que solo tienen los grandes juegos y que desafortunadamente no está -o no he sabido encontrar- en Las Arenas Olvidadas.


LO MEJOR
Las novedades introducidas en las secuencias de plataformas.
El control del personaje es ágil y cómodo.
Los últimos niveles son, de lejos, los mejores.

LO PEOR
Los combates son conceptualmente muy sencillos.
El diseño de los escenarios resulta algo soso.
El nivel de dificultad es muy bajo.

6/10

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